Botella al mar para el dios del melodrama

Siempre hay un mañana

Vaya por delante que nunca he sido de los que van rompiendo alegremente sus promesas, entre otras cosas porque las consecuencias suelen ser imprevisibles. Una de las últimas que rompí, sin ir más lejos, me costó un matrimonio. Trece años y tres hijos después de aquel soleado día de julio, sigo preguntándome qué hubiera ocurrido si en vez de jurar y perjurar, ante doscientos invitados y una docena de feas estatuas de escayola que representaban a otros tantos señores barbudos, que defendería, aun con los puños, la fe católica, apostólica y romana, le hubiera dicho a aquel extraño hombre ataviado con faldas verdes qué pensaba en realidad de él, de su fe, de sus faldas y de su irritante e interminable retahíla de inquisiciones y dónde podía meterse, uno tras otro, a los barbudos señores de escayola. Trece años y tres hijos después de aquel soleado día de julio, tras descorchar una botella peregrina que ha caído hace poco en mis manos, romperé de nuevo una promesa. Y otro dios y otra fe habrán tenido la culpa.

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Siempre hay un mañana transcurre también, como se nos indica nada más empezar, en una soleada California donde siempre está lloviendo y ocasionalmente escondida bajo la niebla. El dato no es baladí: es una película que pertenece a un tiempo y a un director que decidió rodar lo más feo y confuso de las emociones humanas de la más elegante, delicada y sutil forma posible. Nada más lógico, por tanto, que esa lluvia y esa niebla, que la soledad de quien nunca está solo, que el acongojado corazón de plástico y metal de un juguete parlanchín a quien nadie parece escuchar. No, nada de eso es casual; nada lo es, de hecho, en una película que, en muchos aspectos, es un canto al oficio de cineasta, aquel que una vez consistió en elegir un sitio donde plantar la cámara y dejar que fuera ella la que hablara. Qué lejanos tiempos aquellos, en que no era necesario vociferar para hacerse entender. En que todo podía decirse a media voz. En que un delantal y una cafetera poseían el don de la elocuencia. En que no nos tomaban por imbéciles.

Siempre hay un mañana2

No creo equivocarme al pensar que esta es una película que representa todo lo que cinematográficamente admira el misterioso e incorruptible personaje que me ha hecho llegar un mensaje en una botella: la concisión narrativa, el sobrio despliegue de recursos técnicos, la sabia planificación de escenas, la riqueza de significaciones asociadas a encuadres e imágenes. De hecho, conociéndole, no resultaría extraño que el hecho de verla despertara en él un profundo sentimiento de nostalgia. El mismo que ahora me invade mientras cierro otra vez la botella y la devuelvo al agua con su nuevo contenido: un responso por el Dios del melodrama y una promesa rota. Nada del otro mundo, me temo, y mucho menos de éste.

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El mejor guitarrista de todos los tiempos

"El único testigo" (1954)

“El único testigo” (1954)

Cuenta una de las tantas leyendas apócrifas que circulan por el mundo del rock que a Jimi Hendrix le preguntaron un día qué se sentía al ser el mejor guitarrista del mundo. “No lo sé”, habría contestado al parecer Hendrix. “Eso deberías preguntárselo a Rory Gallagher”. Sea cierta o falsa la anécdota, la verdad es que, en 1972, Rory fue elegido el mejor guitarrista del mundo por los lectores de la revista Melody Maker, por delante de músicos de la talla de Jimmy Page, Eric Clapton o Pete Townshend. En el décimo y último lugar de esa lista figuraba Ritchie Blackmore, al frente todavía, por aquel entonces, de Deep Purple.
Jimi Hendrix

A pesar de su bien ganada fama de borde y ególatra, Blackmore no sólo no se tomó mal el resultado de la votación, sino que, a lo largo de los siguientes años, no dejó de deshacerse en elogios hacia Rory, con quien compartió escenario no pocas veces y al que llegó a llamar “el artista definitivo”. Y eso sí, seguro, no es una leyenda:ahí está, escrito en letras de imprenta, para quien quiera o sepa leerlo.

Rory Gallagher

Ritchie Blackmore es, también, uno de los muchos nombres de guerra usados en el pasado por cierto usuario de FA (*), reiteradamente expulsado de aquí por, entre otras cosas, fusilar desde múltiples cuentas las críticas ajenas e hinchar los votos positivos de sus misérrimos teletipos de cinco líneas, insultar y amenazar a otros usuarios a través de críticas o mensajes, o copiar textos de carátulas de DVD y páginas web y hacerlas pasar por propios. Cuando esto ocurre, tiene uno que avisar para que desraticen y desinfecten el lugar. A veces es lento y enojoso, pero, al final, el agua acaba siempre cayendo cañerías abajo, arrastrando a esta sabandija de regreso a las cloacas. Al menos, durante un rato.

El plasta ha vuelto, sí, y con él sus grumosos anacolutos, sus provocaciones de parvulario, su deplorable ortografía, sus machaconas peroratas hediondas de pacharán. Qué le vamos a hacer. Así como Blackmore lleva años y años perdido en el país de los Pitufos, así vive nuestro hombre, atrapado en un extraño mundo en que una fruslería como El único testigo, que en un mundo normal no sería sino un simpático pero estereotipado y plano producto de serie B, repleto de situaciones inverosímiles y rodado sin ningún tipo de distinción, es elevada a la categoría de obra maestra absoluta. Será por esos polis que entran en la casas sin orden de registro y se llevan máquinas de escribir por la jeta. O que en un visto y no visto le meten a uno a empellones en un frenopático. Que vayan tomando nota, en todo caso, los capos de FA: si hicieran como esos maderos, qué rápido se acababa el problema.

Ritchie Blackmore al pais dels Barrufets

En fin, a diferencia del farsante que usurpó su nombre, el auténtico Ritchie Blackmore sabía quién era el mejor guitarrista de todos los tiempos. Y a no ser que os llaméis Ana y os apellidéis Botella, todos podéis saber qué nombre gasta ahora el pichoncito que se muere por mis huesos y que nunca, nunca, nunca acepta un no por respuesta (**).

spoiler:
(*) Ya me disculparás, corazón, si me dejo alguno: Ritchie Blackmore, Ritchie Blackmore’s Rainbow, Rainbow, Ronnie James Dio, Deep Purple, Gonzalo, Uztaila, Matar al Cerdo Hrundi, Cascarrabias, Piloto Nocturno. Entre otros, supongo.

(**) Lesson 1: Translate into English the title of this review.

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